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Sara Orcasitas, Design & Product Director de Kategora y Kora Living, conversa con las ilustradoras Gisela Talita, Nuria Bellver —artista de Cachetejack—, Martina Almela y Virginia Lorente, autoras de los murales de Kora Lluna, nuestro complejo ubicado en Valencia, sobre el papel del arte en el desarrollo de nuestros proyectos

¿Qué ocurre cuando el arte deja de ser un elemento decorativo para convertirse en parte esencial de un proyecto? ¿Cómo puede una ilustración o un mural ayudar a construir comunidad, identidad y pertenencia?

Estas son algunas de las cuestiones que aborda el quinto episodio de K Talks, en el que Sara Orcasitas, Design & Product Director de Kategora y Kora Living, conversa con las ilustradoras Gisela Talita, Nuria Bellver —artista de Cachetejack—, Martina Almela y Virginia Lorente, responsables de los cuatro murales que forman parte de Kora Lluna, nuestro nuevo complejo en Valencia, que abrió sus puertas el pasado mes de marzo.

La conversación se desarrolló en pleno proceso de ejecución de las obras, rodeadas de andamios, pintura y espacios que comienzaban a cobrar vida. Un escenario perfecto para reflexionar sobre el papel que desempeña el arte cuando se incorpora desde las primeras fases de diseño de un edificio.

Cuatro miradas para un concepto común: vivir “a la fresca”

El punto de partida de los cuatro murales es un concepto profundamente arraigado en la cultura valenciana: “vivir a la fresca”.

Más que una costumbre, se trata de una forma de entender la vida. Salir a la calle cuando cae el sol, compartir conversaciones con los vecinos, improvisar una cena al aire libre o simplemente disfrutar del espacio público como una extensión natural de la vivienda.

Aunque todas las artistas parten del mismo concepto, cada una desarrolla una interpretación completamente diferente.

  • Para Virginia Lorente, precisamente esa relación entre la calle y la vida cotidiana era el aspecto que quería trasladar a su mural. La artista recrea una escena reconocible para cualquier persona que haya vivido cerca del Mediterráneo: vecinos que salen a compartir comida, conversaciones y tiempo juntos, convirtiendo el espacio común en un lugar de encuentro espontáneo.
  • En el mural de Cachetejack, representado por Nuria Bellver, el protagonismo recae en la conversación. A través de figuras fragmentadas, gestos cotidianos y elementos tan sencillos como unas sillas de plástico, la obra sugiere historias abiertas que el observador completa con su propia experiencia. No importa tanto quiénes son las personas representadas, sino lo que ocurre entre ellas.
  • Martina Almela, por su parte, centra su propuesta en la acción de salir al encuentro del otro. Su mural muestra a una figura transportando una silla desde el interior hacia el exterior, un gesto sencillo que simboliza la invitación a compartir. Una imagen que conecta perfectamente con la filosofía de los espacios comunes de Kora Lluna: lugares diseñados para facilitar la interacción y la convivencia.
  • La propuesta de Gisela Talita adopta una perspectiva inspirada en las fachadas del Cabanyal, el mar, los peces, las gaviotas y la vegetación mediterránea, su mural construye una escena donde el barrio se convierte en protagonista.

Una forma de recordar que la identidad de un proyecto también nace de su conexión con el lugar en el que se ubica.

El valor de crear con tiempo y propósito

Más allá de los murales, la conversación deja una reflexión especialmente relevante sobre la forma de desarrollar proyectos inmobiliarios. Las artistas destacan la importancia de haber participado en un proceso que les permitió trabajar las ideas con tiempo, dialogar con el equipo de diseño y formar parte de una visión compartida desde las fases iniciales.

Una metodología que no suele ser lo habitual, ya que en muchos otros proyectos el arte aparece como un elemento añadido en el último momento o simplemente desaparece por cuestiones presupuestarias.

Por eso, una de las intervenciones más significativas del episodio llega casi al final de la conversación, cuando Gisela Talita agradece que el proyecto haya reservado un espacio real para la creación artística desde el principio. Porque cuando el arte forma parte de la génesis de un proyecto, el resultado trasciende la estética. Los espacios adquieren personalidad, generan vínculos emocionales y contribuyen a crear experiencias memorables para quienes se alojan.