El sector inmobiliario tiene 115 proyectos en marcha y 110 en cartera

El sector inmobiliario no frena en LondresUn anuncio en el metro de Londres muestra a Angela Merkel como un ángel, porque rescató a Irlanda, Grecia, Portugal y España. Al lado, otro cartel la viste como diablesa porque impone la austeridad. La crisis es algo del sur y Londres da envidia al resto de Europa. La City es el refugio seguro para los inversores extranjeros como Catar. El efecto es visible: las grúas crecen como setas a lo largo del río Támesis. En los últimos años, un ejército de albañiles ha levantado 550 edificios, otros 115 están en obras y 110 más en proyecto, entre ellos la Central Eléctrica, que albergará 800 apartamentos, y el tubo helicoidal del Museo del Ejército del Aire.

Es evidente que Londres es el motor económico de Inglaterra pero muchos se preguntan si se trata de un espejismo y la capital del Reino Unido simplemente vive una burbuja inmobiliaria o asistimos a la traca final de las Olimpiadas del 2012.

Londres y sus 8,3 millones de habitantes facturan alrededor de 500.000 millones, el 20 % de la economía del Reino Unido. Pero ¿qué pasa en el resto del país? Cardiff, capital de Gales, Bristol o Liverpool agotaron sus cartuchos tras reconvertir sus muelles industriales en declive en zonas de recreo con museos, tiendas o edificios gubernamentales. La fiesta continúa pero estas urbes rentabilizan su pasado glorioso y las grúas ya se han ido. Un arquitecto holandés lo corrobora: «Hay muchas obras en Londres pero en el resto del país está todo parado».

La prosperidad atrae a inversores y emigrantes del sur de Europa estancado que trabajan de camareros. Otros sueñan con mudarse al centro. Una oficinista coruñesa que lleva 15 años en la capital británica, con piso propio en un barrio modesto, se ha sumado a la fiebre del ladrillo: «Estoy pensando en comprarme un apartamento de segunda mano más céntrico pero me piden 400.000 euros».

No es la única con ganas de invertir. Las grandes corporaciones acaban de abrir el centro comercial de Westfield Stradford, el mayor de Europa con 250 tiendas y 70 restaurantes. Al lado, otra empresa construye un gigantesco bloque de pisos para alojar a 40.000 estudiantes.

La colina del observatorio de Greenwich es un buen sitio para percibir cómo ha cambiado el skyline de Londres desde que en el 2000 comenzó a girar la noria London Eye. Sobresalen rascacielos icónicos como el Pepino de Norman Foster y las torres financieras de Canary Wharf. La cúpula de San Pablo asoma entre gigantes de acero y cristal.

A orillas del Támesis

Un paseo por las orillas del río Támesis equivale a meterse en una zona de obras rodeada de pubs donde los ejecutivos charlan con una pinta o un cóctel a la salida de la oficina. A veces, las fiestas se celebran en el ático, a la vista de todos. El éxito no se oculta en Londres.

En Southwark, entre el puente del Milenio, obra de Foster, y la Torre de Londres, los obreros dan los retoques a otro edificio emblemático apodado el Walkie-Talkie, cuya silueta recuerda a un móvil. En frente, en los Docklands, se extienden barrios nuevos de oficinas, centros comerciales y paseos fluviales. Hace unos años, allí solo había casas en ruinas y fábricas abandonadas. Ahora, la silueta piramidal acristalada de The Shard, el edificio más alto de la Unión Europea, inaugurado este año, atrae a miles de visitantes. Al lado, están las réplicas del galeón del pirata Drake y del teatro The Globe, donde Shakespeare estrenaba sus obras. A su vera nacen nuevos negocios como unos carritos-bar que 8 pasajeros mueven a pedales mientras un camarero les sirve cócteles.

En otras calles más céntricas, como Oxford Street o Victoria Station, las máquinas excavan agujeros enormes y los carteles anuncian edificios de diseño.

Pero quizás lo más impresionante sea Canary Warf, sus muelles están poblados de sofisticadas residencias, oficinas y marinas deportivas para yates.